La influencia de los padres en el desarrollo de la inteligencia emocional en la primera infancia

La influencia de los padres en el desarrollo de la inteligencia emocional en la primera infancia

El papel de la familia

La importancia del impacto y las repercusiones de la inteligencia emocional en el desarrollo integral de la persona está cada vez más presente en la sociedad actual. Se sabe que desde la más temprana infancia ya existe un aprendizaje emocional en donde destaca la importancia de la familia tanto en la adquisición de destrezas como en el desarrollo a nivel fisiológico y estructural en el periodo que abarca entre el nacimiento y los 3 años de edad.

El foco se pone en los padres, que son los encargados de llevar a cabo las estrategias que favorezcan un adecuado desarrollo de las competencias socioemocionales a la vez que se previene la aparición de posibles problemas que pudieran derivar en patologías futuras.

En base a esto se observa, cada vez más, la clara necesidad de involucrar a las familias en la educación emocional desde el principio de la vida de los hijos, de manera que las interacciones cotidianas se conviertan en entornos de aprendizaje, para lo cual los padres deberán presentar una predisposición a través de la sensibilidad, disponibilidad y el tipo de respuesta que le ofrezcan al bebé.

Padre e hija jugando en la playa

Alcanzando los objetivos

Por todo esto, y partiendo tanto de las instituciones educativas como de direrentes acciones sociales e incluso sanitarias, es común observar en la actualidad cómo surgen diferentes iniciativas que ponen el foco en la formación dirigida a los padres, sabiéndose que, dado el desarrollo madurativo de los pequeños en esta etapa, es a través de ellos como se puede trabajar en la consecución de objetivos educativos como la conciencia y regulación de las emociones, el sentido de la responsabilidad, el desarrollo de la autoestima y de la autonomía emocional, etc.

Para alcanzar esos objetivos es necesario que primero se formen los educadores, tal y como señalan Bisquerra, Jeta y otros investigadores en sus publicaciones, ya que estos requieren de una buena capacidad emocional para poder afrontar las diferentes situaciones problemáticas a las que se enfrentan a lo largo de la crianza. Si añadimos las exigencias laborales, sociales, y el estado actual de alerta sanitaria, nos encontramos con unas dificultades muy presentes que perjudican la ejecución de intercambios familiares enriquecedores que sienten las bases para el desarrollo de las facultades emocionales.

Padres asistiendo a formación sobre educación infantil

Las teorías del apego

La evidencia procedente de las teorías del apego acentúa, una vez más, la importancia de los procesos internos parentales (como por ejemplo los procesos emocionales y de autorregulación) a la hora de promover las conductas exploratorias de los más pequeños.

Dichos procesos internos son también importantes para promover una regulación emocional del bebé, que en un principio parte de la co-regulación en conexión con su cuidador (el bebé gestiona las emociones a través de la contención y emoción que le transmite su figura de apego de referencia) para, progresivamente, derivar en una gestión emocional autónoma a través de la cual el niño pueda afrontar las diferentes situaciones y experiencias a las que se tenga que enfrentar.

Es por lo tanto el periodo neonatal, e incluso el prenatal, el momento idóneo para el inicio de la puesta en práctica de estrategias de educación emocional por la enorme plasticidad que presenta esta etapa.

“El desarrollo del sistema afectivo se lleva a cabo desde la primera interacción madre-hijo” (Jeta, 1998)

Se considera necesario, así mismo, que los padres posean información referente a la etapa del desarrollo evolutivo en que se encuentra su hijo a la hora de promover alternativas de actuación, respuesta y expectativas más adecuadas.

Las ultimas investigaciones al respecto insisten en la importancia de incluir a los padres e incluso futuros padres y madres en los programas de educación emocional y en la necesidad de la existencia de intervenciones preventivas en los primeros años de vida, con el objetivo de que puedan mejorar sus competencias emocionales de manera que faciliten y favorezcan el desarrollo de éstas en sus hijos.

Alexia López Casal
Psicóloga infantil y juvenil

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